Impacto del Turismo en Lanzarote: hacia un modelo sostenible

No se puede negar el impacto del turismo en un destino.

Desde hace más de un año, las manifestaciones que recorren las islas bajo el lema Canarias tiene un límite nos están diciendo algo urgente: el modelo turístico actual ya no es sostenible.

Las imágenes de carreteras colapsadas (entrada a las Montañas del Fuego, por ejemplo), playas masificadas y servicios desbordados no son casos aislados; son todos síntomas de una gestión que no ha sabido adaptarse al volumen real de personas que transitan este territorio frágil y valioso.

Desde las Instituciones se intenta tomar medidas para regular y controlar, pero no siempre se toman las decisiones más acertada. Y en mi opinión, esto se debe por no contar con la colaboración de quienes estamos al pie del cañón todos los días.

Cerrar el acceso a determinadas zonas no siempre es la solución del problema. Los profesionales del turismo activo tenemos habilidades, cualificaciones y conocimiento para una acción de concienciación.

Poner carteles informativos con la intención de dar a conocer el valor del territorio es parte de la solución, pero los controles en los senderos también lo son. De nada sirve poner información a la entrada si luego nadie vigila durante.

Reducir el impacto del turismo caminando en grupos reducidos

Cuando la población local dice estar harta de tanto turismo, no se está quejando de los turistas. Nos estamos quejando de la forma en que se gestiona el sector.

Quienes vivimos aquí sabemos que el turismo es parte fundamental de nuestra economía. Pero también sabemos que no se puede seguir creciendo sin frenos, sin planificación ni conciencia del impacto que esto genera. No se trata de rechazar al turista, sino de buscar otra forma de gestión.

Como residentes, como profesionales del sector turístico y como personas comprometidas con el territorio, también tenemos responsabilidades.

Desde Guia En Lanzarote – Ecolandlovers siempre he apostado por un modelo de turismo más justo, equilibrado y consciente. Promuevo experiencias que valoran el entorno natural y cultural; rutas que evitan los lugares saturados y que no dañan los ecosistemas. Quiero que quienes nos visitan vivan una experiencia auténtica y transformadora, pero también que dejen una huella positiva. Y todos estos factores los tengo muy en cuenta a la hora de organizar rutas y experiencias que quieren ser lo más sostenibles posible.

Sin embargo, este camino hacia un turismo más responsable no es exclusivo de quienes vivimos aquí. También implica a quienes llegan como visitantes.

Reducir el impacto del turismo: playas de Lanzarote

Cuando hablo de mitigar el impacto del turismo, me refiero al impacto negativo.

Ser un turista responsable no es una tarea difícil ni requiere de grandes sacrificios. Es, sobre todo, una actitud. Es viajar con conciencia del lugar que se pisa y con respeto hacia quienes lo habitan.

🔹 Uso consciente del agua. Lanzarote no cuenta con agua dulce en el subsuelo ni en sus presas (Lanzarote cuenta con una presa en Mala, en el norte, que nunca llegó a utilizarse). Toda el agua que llega a las casas se produce a partir del agua de mar mediante procesos de desalación que requieren una gran cantidad de energía. A comienzos de 2025, el Cabildo de Lanzarote declaró la emergencia hídrica, y hay pueblos que pasan semanas sin suministro. Por eso, cada ducha breve, cada grifo cerrado a tiempo, realmente importa.

🔹 Consumo energético responsable. La isla depende casi totalmente del petróleo importado para producir electricidad, a través de una central térmica ubicada en Arrecife. A pesar del sol y el viento que caracterizan el clima insular, las energías renovables aún no cubren la demanda de los 165.000 habitantes y los más de 3 millones de turistas que nos visitan cada año (datos de 2024). Apagar luces, aire acondicionado o electrodomésticos cuando no se usan es una acción simple, pero poderosa.

🔹 Apoyo a lo local. El turismo también puede ser una herramienta de redistribución económica si elegimos bien dónde ponemos nuestro dinero. Comprar en mercadillos locales, comer en pequeños restaurantes familiares, alojarse en casas rurales o contratar guías residentes son formas de fortalecer la economía del lugar y de conocer la isla desde una perspectiva más real y cercana.

🔹 Elegir experiencias responsables. A veces, los lugares más publicitados no son los que mejor representan el alma de un territorio. Evitar los puntos más saturados, respetar la señalización en los senderos, no salirse de los caminos marcados y optar por actividades organizadas con criterios de sostenibilidad son decisiones que marcan la diferencia.

La presión turística no es un fenómeno nuevo, pero cada vez es más evidente que debemos abordarlo desde una mirada crítica y constructiva.

No podemos exigir sostenibilidad mientras seguimos promoviendo un modelo que premia el volumen antes que la calidad. Tampoco podemos delegar toda la responsabilidad en las instituciones: como ciudadanos, como empresas y como viajeros, tenemos mucho que decir y que hacer.

Viajar de forma responsable no significa renunciar al disfrute, sino entender que cada gesto cuenta. Y que, si queremos que este lugar —tan especial, tan único— siga siéndolo, necesitamos cuidarlo entre todos.


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